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domingo, 24 de junio de 2012

Cuentos para seguir aprendiendo

Los chicos del espacio Nuestro Lugar, junto a los coordinadores Maca Sarmiento y el Chino Ruiz, comparten los cuentos que trabajaron juntos el viernes. "Ojala aporten a la reflexión personal y comunitaria como lo pudieron hacer los chicos", dicen los coordinadores. 

Algunas de las invitaciones que salieron son:
- No juzgar a las personas antes de conocerlas
- En un conflicto o problema escuchar siempre las diferentes versiones que existen
- No hacer de los defectos de los demás motivo de burla
- Cada uno habla desde la parte de realidad que conoce
- Cuando no sabemos de algo tenemos que animarnos a pedir ayuda

jueves, 9 de febrero de 2012

La paciencia del bambú

Los artesanos, por lo general, además de una maravillosa habilidad para trabajar con sus manos, son gente que se toma su tiempo. En su aprendizaje, la práctica y el tiempo ha ido templando en ellos la virtud de la paciencia. Aquí, compartimos este cuento sobre la importancia de saber esperar.

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas! 

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. 

Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de solo seis semanas... ¡la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó solo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. 

lunes, 6 de febrero de 2012

La costurera y el aprendizaje

Había una vez, en una no muy lejana ciudad, una escuela donde aprender y enseñar significaba repetir como loritos lo que otros dijeron y pensaron. 

Todo el santo día se escuchaba por las aulas la misma cantinela: "cállense, siéntense, copien, copien, copien, repitan, repitan, repitan". Los niños se aburrían sobremanera, y se la pasaban mirando el reloj, esperando el timbre de salida para salir corriendo de aquel fastidio.

Parecía que todo lo interesante de la vida ocurría fuera de los muros de la escuela.

Un día la maestra de uno de los cursos se enfermó, y no hallando por todos aquellos contornos otra persona que la sustituyera, trajeron a la costurera del pueblo. La buena mujer al principio no quería aceptar la oferta alegando que no estaba preparada para la tarea docente, por lo que sólo podía enseñarles lo que ella sabía hacer: ¡coser!

viernes, 3 de febrero de 2012

El Carpintero y la casa

Los cuentos siempre dejan alguna enseñanza, algo sobre que pensar. No importa si son reales o no, lo que importa es poder descubrir en su historia algo que podemos aprender. En esta ocasión les convidamos con un cuento sobre carpinteros que nos deja pensando. Que lo disfruten!:

Un carpintero entrado en años estaba listo para retirarse. Le comentó a su jefe (con el que había trabajado por 35 años), acerca de sus planes de dejar el negocio de la construcción para llevar una vida más placentera con su esposa y disfrutar de su familia, el iba a extrañar su cheque quincenal, pero necesitaba retirarse. Ellos superarían esta etapa de alguna manera.

El jefe lo entendía pero se sentía triste al ver que su buen empleado dejaba la compañía y le pidió que si podría construir una sola casa más. Como un favor personal. El carpintero accedió, pero se veía fácilmente que no estaba poniendo el corazón en su trabajo…

Utilizaba materiales de inferior calidad y no ponía atención en los detalles, en fin, el trabajo del carpintero

lunes, 23 de enero de 2012

Música en el plato

Adina Grasina volvía locos a todos los doctores de la región. Su papá tenía un bastón que le servía para abrir las puertas sin usar las manos, y su mamá no era mucho más delgada, pero ella era una niña mucho más esbelta y ágil. 

Desde siempre, Adina había sido muy rara para comer; según sus padres casi nunca comía los estupendos guisos de su madre, ni probaba sus fabulosas pizzas. Tampoco disfrutaba con su papá de las estupendas tartas y helados que merendaban cada tarde, y cuando le preguntaban que por qué comía tan mal, ella no sabía qué contestar; sólo sabía que prefería otras cosas para comer. Así que todos se preguntaban a quién habría salido...

Un día Adina acabó en manos de un doctor diferente. Aunque ya era algo mayor, tenía un aspecto estupendo, distinto de todos aquellos doctores de grandes barrigas y andares fatigados. Cuando los padres de Adina le contaron su problema con la comida, el doctor se mostró muy interesado y les llevó a una oscura y silenciosa sala con una extraña máquina en el centro, con el aspecto de un altavoz antiguo.
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