Nuevos
Desafíos. Para las miles de organizaciones que funcionan en Argentina corren
tiempos de cambios. Aunque con matices, especialistas y protagonistas de este
vasto universo ponen la mira en la necesidad de diversificar las fuentes de
financiamiento y avanzar en un nuevo marco legal. En el mientras tanto, muchas
debieron repensarse, reconvertirse y apelar a la creatividad.
De un lado
se encuentran la capacidad movilizadora y solidaria; la innovación y la
flexibilidad en sus estrategias de acción; la creatividad y eficacia en el uso
de recursos, que por lo general son escasos, y el fuerte compromiso de sus
miembros. Del otro se ubican los bajos niveles de sustentabilidad financiera;
la alta fragmentación; la carencia de interlocutores representativos para
vincularse con otros actores, y la falta de un marco legal y específico. Allí,
con un pie en un lado y un pie en el otro, hacen equilibrio las organizaciones
de la sociedad civil (OSC), tanto las más jóvenes como las más añejas, las que
fueron vitales frente al retiro del Estado en los años ’90 y las que, luego,
supieron articular con un sector público más presente y con uno privado con
incipiente interés en la responsabilidad social.
