Se derrumbó en la realidad.
Fuerzas sociales cada vez más amplias exigieron una perspectiva menos estrecha.
En economías cada vez más concentradas, los impactos de las decisiones y
acciones de las empresas líderes en los mercados recaen sobre toda la sociedad.
En ciudades y regiones enteras unas pocas empresas son determinantes en la vida
entera de esas áreas geográficas.
Se pidió a la empresa saliera de los marcos estrechos del narcisismo, y surgió la era de la “empresa filantrópica”. Crecieron las contribuciones de las empresas a causas específicas. Se desarrollaron las fundaciones, estimuladas por desgravaciones fiscales, y la empresa se transformó en un actor activo en campos como el cultural, donde se centraron muchos esfuerzos filantrópicos. Las empresas patrocinaban, museos, expresiones artísticas de todo orden y Universidades.
Sin embargo ese modelo quedó
estrecho frente a una realidad cambiante. En el siglo XXI fuerzas históricas
emergentes exigen que la empresa vaya mucho más allá. Que produzca una ruptura
paradigmática con las visiones anteriores, y se transforme en la empresa con
alta responsabilidad social empresarial.


