Una conclusión del informe de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) es que el crecimiento de la productividad
laboral desaceleró bruscamente en 2012.
Después de
un repunte inicial tras la recesión de 2009, las inversiones débiles y las perspectivas mundiales muy
inciertas han frenado mayores aumentos en la productividad. Es especialmente
preocupante a este respecto la tendencia de una desaceleración en la
productividad laboral observada en ciertas regiones como América Latina (o sea
que incluye a la Argentina) y el Caribe, lo cual sugiere que los progresos en
la calidad del empleo registrados en estas regiones durante los últimos años
pueden ser difíciles de mantener.
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